
No podemos ser indefinidamente lo que somos: palabras que se anulan las unas a las otras y, juntamente, basamentos indestructibles, que nos creemos el fundamento del mundo. ¿Estoy despierto? Lo dudo y sería capaz de llorar. ¿Seré el primero sobre la tierra en sentir que la impotencia humana me vuelve loco?
Aspectos en los que vislumbro el camino recorrido. Hace de esto quince años (puede que un poco más), volvía yo no sé de dónde por la noche, tarde. La calle de Rennes estaba desierta. Viniendo de Saint-Germain atravesé la calle de Four (por el lado de Correos). Tenía en mi mano un paraguas abierto y creo que no llovía. (Pero yo no había bebido: lo digo y estoy seguro de ello.) Tenía ese paraguas abierto sin necesidad (excepto una de la que hablo más adelante). Entonces era yo muy joven, caótico y lleno de embriagueces vacías: una ronda de ideas inconvenientes, vertiginosas, pero llenas ya de preocupaciones, de rigor y crucificantes, tenían libre curso...
En ese naufragio de la razón, la angustia, la decadencia solitaria, la cobardía, la mala ley, encontraban su sitio: la fiesta empezaba de nuevo un poco más tarde. Lo cierto es que esta exuberancia, junto con el choque con lo "imposible", estallaron en mi cabeza. Un espacio constelado de risas abrió su abismo oscuro ante mí. Al cruzar la calle de Four, adiviné a esa "nada" desconocida, repentinamente... negué esos muros grises que me encerraban, me abalancé en una especie de arrobo. Reía divinamente: el paraguas se había cerrado sobre mi cabeza y me cubría (me cubrí a propósito con este sudario negro). Reí como quizá no me había reído nunca, el fondo mismo de cada cosa se abría, puesto al desnudo, como si yo estuviese muerto.
No sé si me detuve, en medio de la calle, enmascarando mi delirio con un paraguas. Quizá di saltos, (esto es ilusorio, sin dudas): estaba convulsivamente iluminado, me reía, según pienso, mientras corría.
La duda me angustia sin tregua. ¿Qué significa la iluminación? ¿Sea de la naturaleza que fuere? ¿Incluso si el brillo del sol me cegase interiormente y me abrasase? Un poco más o un poco menos de luz no cambian nada; de todos modos, solar o no, el hombre no es más que el hombre: no ser más que el hombre, no salir de ahí, es el ahogo, la pesada ignorancia, lo intolerable.
"Enseño el arte de convertir la angustia en delicia", "glorificar": todo el sentido de este libro. la aspereza en mí, la "desdicha", no es más que la condición. Pero la angustia que se transforma en delicia sigue siendo la angustia. no es la delicia, ni la esperanza, es la angustia, que hace daño y quizá descompone. Quien no "muere" por no ser más que un hombre, no será nunca más que un hombre.
Georges Bataille. En La experiencia interior.
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